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El uso del ácido clorhídrico no es extraño en un laboratorio: es una presencia cotidiana, discreta, casi silenciosa —hasta que algo falla. Se presenta como una disolución acuosa incolora (aunque envejece a amarillo por liberación de cloro), de olor picante y penetrante, cuya concentración comercial habitual ronda el 32–37 % en peso. Desde el punto de vista químico, es un ácido fuerte, totalmente disociado en agua, lo que le confiere una reactividad intensa frente a bases, carbonatos y metales activos (como el hierro o el zinc), liberando hidrógeno —un gas inflamable que, en espa... |